27 jul 2017

Todo es público

Qué será este abrir y cerrar de palabras. Un corazón muerto en los tejidos genitales. Todos los deseos se entremezclan. No soy capaz de amar sin amor. Soy una quimera muerta en la hoguera crepitante de una noche que se fuga. Te quiero es una expresión que colinda con el riego amargo de un tris. Hoy soy otro volcán desafortunado que murió en el amor. No entiendo los ojos danzantes que se posan debajo de mi cama, ellos me siguen como luciérnagas escurridizas, intentan cegarme. Yo soy más fuerte, me digo, autoconvencerse es el fracaso del plan. Los dioses son oscuros, ellos no emiten luz, simplemente entierran sus uñas y me rompen el labio, el cuello sufre otra escisión, beben mi sangre como vampiros extasiados y yo formulo una pregunta abierta, pero los pronombres interrogativos no alcanzan para el qué , el quién, el cómo, el cuándo, el dónde, la abstracción es mayor y a pesar de eso se concreta. La madrugada de ayer me tendí debajo de las estrellas y pensé que seme iban a caer encima, vi la misma imagen de las estrellas estrellándose sin nunca estrellarse. Cómo no desengañarse. Otro de los fracasos colectivos.

12 jul 2017

Carta de muerte

¿Has escuchado el chirriar del tren, su grito ahogado en la madrugada como un pájaro gigante que sobrevuela en el entresueño buscando su propia muerte? Imagino su majestuosa presencia en el sonido vaporoso manifestándose a menos de un kilómetro de distancia. Yazgo horizontal en mi cama, siento el peso de mis párpados que se entreabren para recibir la oscuridad vacía que precede a un riel eterno; el hierro rompe mis pupilas , y de pronto mis arterias en estado de suspensión friccionan las últimas palabras del día; son las primeras de la noche, hay un lenguaje parecido a la muerte del milenio y es tu muerte.

Mi cuerpo es una locomotora que sigue su rumbo sin saber aún sobre los pasos del deseo. Sólo continúa una ruta etérea. Desprovisto de nervios y tendones, anochecía más todas las noches en mí. Era como un ruidito resfriado de sirena con su garganta apretada, la alarma inconsciente de una conexión primera. Imagino la carga del carbón en los vagones, más negra que la vastedad del infinito sin luz, donde resuena tu deceso en mis dientes mordiendo el frío tubo cuando acabaste con tu vida. Quisiste tragarte la bala, pero la pólvora se disipó en miles de estrellas que salieron disparadas. Soy un pedacito más de materia, al igual que tú, en el universo que creaste cuando partiste de este mundo.