11 sept 2009

El aguacero




La lluvia de vidrio pulverizado
refleja algo en cada fisura roja de sangre,
mientras parte en mitades asimétricas las cosas
las imágenes se derrumban de golpe,
se desparraman desesperadas
como un polluelo agónico en sartén
con alas fritas y corazón de yema.

Cae un granito de vidrio en el lago de mi ojo,
se desgarra, perdí la mitad más pequeña y viscosa
y ahora sí que no veo,
que nada existió siempre,
que el iris es negro, nocturno, lleno de estrellas.
Nadie es inmune;
como en toda ave,
detrás de las plumas, existe una piel débil
susceptible a ser trozada,
pero sí es así con la mano por favor
y chorreada de aceite
para no hacernos los cóndores.

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