
Los demonios se pasean por los túneles del Metro
a las pocas de la madrugada,
como viejos solitarios por un parque.
Allí, se sientan en las cunetas de cada estación
y orinan un líquido negruzco parecido al petróleo.
Les dan migajas de no sé qué a los cuervos,
les acarician sus cabecitas.
Sus siluetas, grotescas, casi no se definen en la oscuridad
(sólo su gemir: rechinar de rieles)
hasta las seis de la madrugada
cuando tienden sus chales musgosos
por debajo del cemento de los túneles,
bajo el mundo ingenuo.
Tus demonios han liberado
ResponderEliminara mis ángeles
gracias eternas
por abrir el candado
que me encadenaba a mí misma
he vuelto a encontrar
mis palabras
te debo una.
Me acordé de una película que me da pena.
ResponderEliminarHace semanas que no pasaba por acá...Tendré que hacerlo más seguido :D siempre es un gusto leerte cara de oso.
Miaecilla