5 abr 2015

BIG BOOM


Exploté
en la mañana equivocada
en el lamento equivocado
El fuego consumía los estertores
de un silencio inexistente
o tal vez ese silencio se transformó
en un espacio
donde los ojos chirriantes eran increpaciones
que disimulaban el miedo
a la hoguera de estos días.

Mi cuerpo es una tela
que desaparece lentamente ahogada con el humo rojo
de todas las industrias que morderán el cielo
de toda la esperanza acorralada en mis ojos de muerte.

Es la voluntad de este acto incendiario:
quema civilizaciones alojadas en mi cabeza
códigos sin descifrar
mitos que creían explicar el origen,
animales que no tenían piel
estaban hechos de alambre
sí, de alambre
y con sus patitas alambradas
acariciaban mi corazón
para que no se desgarrase
con las lágrimas pujando todo desde adentro.
Pero hoy
a la imagen y semejanza del llanto
como cuerpo
como cuerpo harapo
como cuerpos
los devoro mientras todo se va
y solo queda un par de vasijas sagradas
que es el único vestigio de la carne anterior
a esta bandera llameante condenada a su cruz de fuego.

Me voy con el infinito del humo en lo rojo
con las cenizas escapando al vacío.
No volveré.
El fuego se propaga siempre desde donde se pone la mejilla:
ni siquiera la parálisis del dolor hará retroceder las llamas.

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